Pornografía en Internet, una adicción peligrosa
Muchas personas no se percatan de los problemas que causa la pornografía.
La pornografía es una actividad comercial que enriquece a unos cuantos y deforma, enferma y empobrece la psiquis humana de quienes caen en esa adicción, recalcó el especialista en sexualidad y psicólogo Silvestre Faya Romero. El fenómeno se produce en forma gradual e inadvertida, como el cáncer.
Y es tan difícil de deshacer como la dependencia de la cocaína, recalcó. De acuerdo a la definición de mayor consenso, la pornografía es exhibición de contenidos sexuales, en forma obscena, con la intención excitar o promover la lujuria. No es arte, ni tampoco mero erotismo o sensualidad.
El Beso de Rodin (escultura) o la Maja Desnuda (arte pictórico) de Goya son sensuales pero no pornográficas. La pornografía es cruda exhibición de genitales y actos sexuales de toda índole, en donde abundan las imágenes sadomasoquistas, la pedofilia y cualquier aberración, individuales o grupales.
Con la popularidad del Internet, la pornografía se ha convertido en industria millonaria que vende sexo, y “prima hermana” de la prostitución que envilece lo mismo a hombres que mujeres. Asimismo, recalcó el experto, es explotación de seres humanos, sobre todo de la mujer.
Existe una correlación entre delitos de agresión sexual -violación, abuso de menores y hostigamientos- y la afición a la pornografía de quienes los cometen. Ningún educador, psicólogo o científico social argumentaría coherentemente acerca de beneficios personales o sociales de el fenómeno.
El problema es que, como industria, se manifiesta en la televisión, películas, vídeos musicales y la red. A pesar de lo que sostienen sus defensores, la pornografía tiene grandes repercusiones en el comportamiento sexual de la gente, así como en su visión del sexo.
La contemplación constante de material pornográfico puede inhibir el deseo del individuo de mantener relaciones normales con su pareja e impedir que éstas se satisfagan.
Prohiben en los cibercafés páginas que ofendan la moral
Cualquier persona que tenga la intención de revisar páginas pornográficas en el Internet, mejor haría en considerar la compra de equipo de cómputo y en contratar un acceso a la red, debido a que en los lugares que rentan computadoras conectadas, se prohibe la contemplación de pornografía.
Las páginas de contenido pornográfico en la red -existen más de diez categorías, dentro de las cuales los actos heterosexuales es la más común- son difíciles de “tropezarse” con ellas si no se buscan, pero fáciles de encontrar con tan sólo un pequeño esfuerzo.
Usualmente tienen una mujer con poca o ninguna ropa en postura seductora, a modo de invitación a que el usuario haga click en ese lugar. El resultado suele convertirse en acceso gratuito a contenidos pornográficos que se suspenden y ofrecen el resto si se ingresa un número válido de tarjeta de crédito.
A diario, afirma Arturo López, encargado de un negocio de renta de computadoras ubicado en la esquina de Manuel Gómez Morín y José Vasconcelos, cuando menos una persona intenta acceder a contenidos “no recomendables” en la red, asociados a la pornografía.
Los intentos serían fácilmente detectables, debido a que las pantallas o monitores están expuestos a la mirada del encargado y de los otros usuarios.
Pero los curiosos, usualmente estudiantes que llegan al lugar intentando resolver sus tareas y terminan intentando divagar hacia otros sitios, nunca satisfacen su curiosidad.
La razón es un programa instalado en el servidor principal del cibercafé, que no solamente registra los tiempos de uso de las máquinas para efectos de cobro, sino también bloquea el acceso a contenidos que contengan palabras como “sexo” o “pornografía”, incluidas sus variantes en otros idiomas, así se logra tener un mayor control.
En realidad, dice Arturo, no existe una prohibición expresa de los sitios pornográficos sino el respeto a lo que comúnmente se conoce como moral o buenas costumbres. Además, recalca, un cibercafé en que se puede consultar material porno garantiza que no tenga clientes mujeres.
Internet refleja las dimensiones del fenómeno
El motor de búsqueda Google registra 565 millones de páginas conteniendo la palabra “sex”. En México, 1 millón 420 mil páginas contienen la palabra “sexo”. Los resultados están listos para el cliente en menos de un segundo. Con esa disposición, un usuario anónimo pregunta cómo sustraerse a la “afición”.
Buscar un adicto a la pornografía, es difícil, especialmente porque nadie en su sano juicio aceptaría una adicción socialmente reprobada. A no ser que se le busque en los salones de charla, comúnmente conocidos como “chats”, en donde las personas se regodean y presumen de su afición.
De hecho, a pesar de la suposición de que esos lugares son moderados contra las indecencias, las salas de chat resultan pornográficas en sí mismas, debido al tipo de lenguaje explícito utilizado entre ellos, o por cualquier persona que desee ingresar cumpliendo el requisito previo de registrarse.
Lugares como Chatroom, Chathouse y prestigiados como Yahoo! ofrecen convertirse en “lugares de encuentro en donde puedes compartir tus inquietudes con personas afines” y, en el caso de los chats pornográficos, las personas únicamente deben señalar una casilla para hacer constar su mayoría de edad. Ahí encontramos a “uuump69”, quien parece ser un hombre cercano a los cuarenta años que vive en un lugar de España llamado Alicante. Protegido por el anonimato, aceptó tener conversación privada -convenida entre dos o más participantes, al margen de los otros usuarios- para explicar su afición a la pornografía. Rechaza ser adicto, pero confiesa que gasta entre quince y treinta euros al mes para acceder a sitios que venden porno.
Fuente: milenio.com